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Escrito por Eunice y Christopher Molina
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Cuando se habla de evangelización mundial, generalmente pensamos en campañas evangelísticas, reuniones cristianas en los hogares o algo por el estilo. Pocas veces se nos ocurre pensar fuera de lo acostumbrado, salir de los límites y pensar en que tenemos un Dios poderoso y que hace mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos.
¿Qué tiene que ver la familia con la evangelización del mundo? ¿Podemos evangelizar en nuestra vida cotidiana de hogar? Estas preguntas nos llevan a un sinnúmero de aspectos que están plasmados en la Escritura sobre el rol de familia y la transmisión de la fe. La familia es esencial en la transmisión efectiva de la fe. Lo primero que Dios le dio al hombre como institución fue la familia. Veamos los siguientes principios basados en la Palabra:
- Dios creó a la familia para que fuera un pequeño grupo de discipulado - La bendición y mandato de Dios que encontramos en Génesis 1:28 (“Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos…”) tiene que ver con mucho más que el aspecto físico de la multiplicación pues para señorear y sojuzgar la tierra, Adán necesitaría transmitir el conocimiento de los principios de Dios y aplicar la fe a su vida diaria. En aquel tiempo no había templos ni se reunía la Iglesia. Así que desde el comienzo de la Creación se establece este principio: la responsabilidad de ser los entrenadores espirituales de sus hijos es primordialmente de los padres. En Deuteronomio 6:5-7 y Efesios 6:4 se reitera este principio.
- El propósito bíblico de la paternidad es impactar el corazón de los niños con el amor por Dios - Los hijos son una bendición y los padres tenemos la valiosa tarea de reflejar el rostro de Dios hacia ellos y demostrarles la necesidad que tiene toda persona de una relación de intimidad con Él. Al darnos cuenta de esta hermosa verdad, debemos motivarnos a cultivar nuestra propia relación con el Señor y aplicar todo lo que Él nos revele a la vida diaria donde los niños pueden verdaderamente observar y aprender. En la Biblia encontramos patrones y mandatos que se relacionan al lugar de los niños en la adoración. Adorar a Dios es amarlo sobre todas las cosas y caminar en un estilo de vida que refleje Su carácter y Su bondad. Es por eso que la inclusión de los niños en las actividades de celebración y adoración es de suma importancia. Moisés mandó a los padres específicamente que incluyeran a los niños en la celebración de la Pascua (Éxodo 12:21-27) y en otras Fiestas (Deuteronomio 16:9-11, Deuteronomio 16:13-14 y Deuteronomio 31:9-13). El mismo patrón de incluir a los niños en la adoración continúa hasta el Nuevo Testamento. Vemos al mismo Jesús, siendo un muchacho de doce años participando de la Pascua. Los niños estaban presentes cuando Jesús enseñaba. En Mateo 18:2 dice: “Jesús llamó entonces a un niño, lo puso en medio de ellos…”. En los libros de Hechos, Efesios y Colosenses también podemos ver que había niños presentes durante las reuniones de la Iglesia. El enseñarle a los niños sobre el amor de Dios e incluirlos en la adoración tiene repercusiones positivas, tales como: la unidad espiritual de la familia, la identificación de los niños con el cuerpo de Cristo y el beneficio de escuchar la Palabra de Dios.
- La familia como motor principal de Dios en la evangelización mundial – Esto es alcanzable a través del poder de la fidelidad multi-generacional. Si existe algo consistente en la Biblia es el mandato de la multiplicación. En el Antiguo Testamento, una vez tras otra, se le da como mandato a los patriarcas y a diferentes personas que fueran fructíferos y se multiplicaran (Génesis 9:1 y 9, Génesis 17:7). En el Nuevo Testamento, Jesucristo manda a sus discípulos a ser fructíferos, llenar la tierra y enseñar la verdad de Dios (Mateo 28:19-20). Es decir, que a través de las Escrituras hay un plan y una visión de que la gente de Dios lleve el mensaje de Su amor y Su verdad de generación en generación.
- El lazo entre el discipulado de los hijos y la misión de llevar el amor de Dios a todas las naciones se puede ver claramente en Génesis 18:18-19 donde descubrimos que la responsabilidad específica de Abraham para ver cumplida la misión del Reino de Dios era el entrenamiento espiritual de sus propios hijos y descendientes. Veamos lo que dice el pasaje: “Es un hecho que Abraham se convertirá en una nación grande y poderosa, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra. Yo lo he elegido para que instruya a sus hijos y a su familia, a fin de que se mantengan en el camino del Señor y pongan en práctica lo que es justo y recto. Así el Señor cumplirá lo que le ha prometido."
Así es que podemos observar claramente que hay un propósito definido para la familia en la Gran Comisión. Si cada padre y madre de familia dedica sus esfuerzos a transmitir su fe efectivamente, veremos resultados impresionantes. Familias completas de creyentes que aplican los principios bíblicos a la vida diaria, cuyos hijos no se apartan del camino del Señor, sino que le aman y experimentan Su amor y gracia en sus vidas; esas son las familias que hacen la diferencia. La familia saludable tiene un rol irremplazable en la evangelización del mundo. Si las familias transmiten la fe de Dios de generación en generación lo que podemos esperar es un gran crecimiento para la Iglesia y un poderoso impacto en la evangelización del mundo. *Dr. Rob Reinow (Do Children Belong in Church? A Biblical Overview) |